domingo, 24 de mayo de 2015

Práctica VII. La educación en 2030, Lara Mateo Vidal


Amaneció soleado ese lunes 9 de septiembre de 2030, Diego no pudo dormir apenas esa noche, por fin llegó el momento que había espero durante todo el verano, su primer día de clase en el instituto. Tras desayunar algo rápido cogió lo imprescindible: su ordenador portátil, la tablet por si se quedaba sin batería y también el Smartphone. Pensaba que era mejor prevenir porque si el portátil se quedaba sin batería, tenía que usar la tablet en clase y entonces no le quedaría nada para el recreo. Por suerte para él, todas las aulas del centro contaban con enchufes suficientes para todos los alumnos, por lo que nunca se vería en esa situación tan desesperada.

Llegó pronto para poder conocer a sus compañeros, enseguida Miguel se dirigió a él:
-¡Hola! ¿Me das tú número? Estoy haciendo el grupo de whatsapp de la clase.
-¡Claro! 5236489635425.
-¿Cómo te llamas que lo apunte?
-Diego.
-Vale, hablamos por ahí.
Antes de la primera clase ya estaba el grupo creado, por lo que los alumnos ya comenzaron a realizar sus primeras intervenciones: ¡K nerviosss! ¿Lo tneis td instalado? / Y pensar k e la epok d nstrs padres usaban papel y boli / Ya ves tiaa, mi pdre aun tiene un boli d recuerdo.

Apareció entonces una persona a la que apodaban la “profesora” y fue llamando a los alumnos para entrar en el aula. Todos tenían una mesa para colocar su portátil, así como el enchufe correspondiente. Cuando estaban preparados comenzó la clase. La “profesora” puso una grabación de vídeo en la que una persona explicaba el primer tema de la asignatura: “Hola alumnos, os acompañaré a lo largo del curso en la asignatura de Lengua y literatura castellana. ¿Estáis preparados? Debéis hacer doble clic en la carpeta “primer tema” y abrir el archivo 1.1.1.0. El sustantivo es…”.

Tras la explicación de esta primera parte, la “profesora” paró la grabación y les preguntó a los alumnos que si tenían alguna duda. Insistió en que no fueran tímidos porque podría volver a poner el vídeo las veces que fuera necesario. El día terminó y los alumnos salieron un poco decepcionados porque ni siquiera habían dicho sus nombres, ni habían podido intervenir de ningún modo. El sentimiento era compartido por alguien más, la “profesora”, una vez más, salió indignada, había estudiado una carrea y un máster ¿eso ya no servía para nada? Añoraba los dos únicos años en los que había podido dar clase, ser ella quién explicara, mandara trabajos y solventara dudas, ahora únicamente se limitaba a corregir el trabajo que una grabación les mandaba a sus alumnos. Detestaba el nuevo sistema educativo y cómo estaba modificando a las personas, que actuaban como máquinas, y quería hacer algo al respecto porque seguía teniendo fe en su profesión.


Sus compañeros no la entendían, pensaban que era una suerte que les pagaran por realizar ese trabajo. Pero ella se sentía frustrada, no había dedicado tantos años a su formación para acabar así. Al día siguiente decidió quitarse las comillas y volver atrás en el tiempo, a esa época remota en la que se usaba un libro, folios y bolígrafos. Los alumnos estaban desconcertados porque no era lo que esperaban, pero como para ellos eso suponía una novedad quedaron encantados al ver que una persona se dirigía a ellos directamente, que se preocupaba de hacer el proceso fácil y los involucraba en el aprendizaje.

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