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lunes, 25 de mayo de 2015

Eso sí que sería una locura, que se extinguieran las google hands.


Práctica VII_Laura Almodóvar

- Papá, ¿a que no sabes lo que he encontrado en internet esta mañana?
- No sé hijo, ¿qué ha sido?
- Pues un vídeo en el que salías tú muy joven, estabas con más gente. Pero era muy raro, porque estaba en blanco y negro y hacías cosas raras. ¿Es que en tu época no existía el color? ¿Y la ropa, las casas y los vehículos tampoco eran de color? 
- Sí hijo, claro que existía el color, pero ese vídeo que has visto estaba retocado, para que pareciera más antiguo. ¿Me entiendes?
- Sí..., creo que sí, pero no le veo el sentido. ¿Para qué te sirvió hacer un vídeo sin color?
- Jajajaja, para aprobar, la verdad. Ese vídeo fue una práctica de una asignatura de la universidad. ¿Recuerdas cuando te conté que tuve que estudiar para trabajar en el instituto al que vas?
- Sí.
- Pues tuve una asignatura relacionada con las tecnologías, y nos mandaron crear un booktrailer.
- ¿Un bookqué?
- Un booktrailer. A ver cómo te lo explico. Es un vídeo en el que se dan unas pinceladas de la temática de un libro. Antes los libros eran en formato de papel y una actividad muy divertida era plasmar esas ideas del libro en un formato audiovisual, como una película.
- ¿Ah, sí? ¡Pero eso no puede ser! ¿Libros de papel? ¿Y ese papel de dónde venía?
- Claro hijo, libros, periódicos, revistas, folletos..., el papel era sumamente importante. Lo obteníamos de los árboles. Árbol... ¿sabes qué es un árbol?
- ¿Esa cosa diminuta que tiene la abuela en la sala y que no nos deja tocar? 
- ¡Sí, exacto! Bueno, eso es un bonsai. Pero imagínate ese arbolito 20 veces mayor. 
- Creo que no los cuidasteis. Por culpa vuestra ahora nos tenemos que conformar con mirar bonsais.
- No hijo, tampoco es eso. Lo que ocurre es que los frutos que nos ha ido dando la Tierra durante todos estos años han ido extinguiéndose por desgracia. Es lo mismo que ha ocurrido con la enseñanza. Antes nosotros aprendíamos a base de estudiar los temarios de los libros, coger apuntes del profesor y hacer exposiciones orales.
- Pues vaya tontería, no me gustaría haber nacido en tu época. Me parece una pérdida de tiempo el escribir en un papel y estudiar de un libro.
- Eso es porque no lo has vivido. Era fascinante. Ahora tu generación no puede vivir sin las google hands. ¿No crees que es más cómodo evadirte y escribir con tu puño y letra que hacerlo mediante el movimiento de tus manos? ¿A eso sí le ves sentido?
- Pues claro que se lo veo papá, eso sí que sería una locura, que se extinguieran también las google hands. 

domingo, 24 de mayo de 2015


El I.E.S. Libertas de la provincia de Alicante ha sido cerrado a primera hora de esta mañana. Los alumnos han tenido que volver a sus casas ante temida noticia. Este instituto era el último que quedaba abierto tras la reforma educativa de 2025, La TONTE, en la cual todos los profesores abandonaron las aulas y fueron sustituidos por los ya conocidos iProfe. Desde entonces se han ido cerrando progresivamente todos los institutos del país y actualmente los alumnos reciben “educación” online. El director, el conserje y el informático eran los únicos trabajadores del Libertas, en el que estaban matriculados más de mil alumnos.

“Intentamos superar todas las adversidades que imponía la nueva ley, pero han renunciado a la educación, prefieren la digitalización de los alumnos, pero ellos no son máquinas”, declara el Director, afectado ante la situación. La opinión de los padres al respecto se encuentra dividida, muchos de ellos creen que ya era hora de que clausuraran el centro, una de ellas destaca que “sus hijos estaban perdiendo el tiempo acudiendo a clase”. 
Sin embargo existen opiniones contrarias que piensan que el sistema educativo ha perdido el norte. Un antiguo profesor de Lengua y Literatura del I.E.S., experto en LIJ, explica que es necesario replantearse los objetivos de la Educación. "La tecnología nos ayudó, pero hemos dejado que nos supere", afirma el docente. Además, alega que el gobierno debió invertir hace años en el buen uso de las nuevas tecnologías en las aulas  y no lo hizo, centraron todos los medios en "renovarse" olvidando el factor humano y el vínculo emocional, presente y necesario, en el proceso E-A.
                                                                                                Opinión
Buscando el norte
Hoy, tras el cierre del último instituto del país, muchos integrantes del equipo pensaban que ya no existían motivos por el cuál seguir investigando. ¿Es el momento de tirar la toalla? Rotundamente, no. 
Hace quince años, amigos y compañeros de un Máster decidimos emprender este proyecto informativo con el fin de mejorar la innovación educativa. Pues ese sigue siendo el objetivo, intentar encontrar la manera de retomar un sistema educativo en el que los alumnos sean el centro del proceso. Que la meta no sea obtener mejores resultados académicos sin importar el formato. No, hoy más que nunca debemos centrarnos en buscar el norte, ese norte que perdimos cuando desapareció el interés por el conocimiento, por la buena educación, por el buen uso de la lengua, por la aventura de leer, como si de personajes creados por Ray Bradbury   en  Fahrenheit 451 se tratara, esa novela que hace más de setenta años predijo el triste futuro que hoy nos envuelve. 


Práctica VII. La educación en 2030, Lara Mateo Vidal


Amaneció soleado ese lunes 9 de septiembre de 2030, Diego no pudo dormir apenas esa noche, por fin llegó el momento que había espero durante todo el verano, su primer día de clase en el instituto. Tras desayunar algo rápido cogió lo imprescindible: su ordenador portátil, la tablet por si se quedaba sin batería y también el Smartphone. Pensaba que era mejor prevenir porque si el portátil se quedaba sin batería, tenía que usar la tablet en clase y entonces no le quedaría nada para el recreo. Por suerte para él, todas las aulas del centro contaban con enchufes suficientes para todos los alumnos, por lo que nunca se vería en esa situación tan desesperada.

Llegó pronto para poder conocer a sus compañeros, enseguida Miguel se dirigió a él:
-¡Hola! ¿Me das tú número? Estoy haciendo el grupo de whatsapp de la clase.
-¡Claro! 5236489635425.
-¿Cómo te llamas que lo apunte?
-Diego.
-Vale, hablamos por ahí.
Antes de la primera clase ya estaba el grupo creado, por lo que los alumnos ya comenzaron a realizar sus primeras intervenciones: ¡K nerviosss! ¿Lo tneis td instalado? / Y pensar k e la epok d nstrs padres usaban papel y boli / Ya ves tiaa, mi pdre aun tiene un boli d recuerdo.

Apareció entonces una persona a la que apodaban la “profesora” y fue llamando a los alumnos para entrar en el aula. Todos tenían una mesa para colocar su portátil, así como el enchufe correspondiente. Cuando estaban preparados comenzó la clase. La “profesora” puso una grabación de vídeo en la que una persona explicaba el primer tema de la asignatura: “Hola alumnos, os acompañaré a lo largo del curso en la asignatura de Lengua y literatura castellana. ¿Estáis preparados? Debéis hacer doble clic en la carpeta “primer tema” y abrir el archivo 1.1.1.0. El sustantivo es…”.

Tras la explicación de esta primera parte, la “profesora” paró la grabación y les preguntó a los alumnos que si tenían alguna duda. Insistió en que no fueran tímidos porque podría volver a poner el vídeo las veces que fuera necesario. El día terminó y los alumnos salieron un poco decepcionados porque ni siquiera habían dicho sus nombres, ni habían podido intervenir de ningún modo. El sentimiento era compartido por alguien más, la “profesora”, una vez más, salió indignada, había estudiado una carrea y un máster ¿eso ya no servía para nada? Añoraba los dos únicos años en los que había podido dar clase, ser ella quién explicara, mandara trabajos y solventara dudas, ahora únicamente se limitaba a corregir el trabajo que una grabación les mandaba a sus alumnos. Detestaba el nuevo sistema educativo y cómo estaba modificando a las personas, que actuaban como máquinas, y quería hacer algo al respecto porque seguía teniendo fe en su profesión.


Sus compañeros no la entendían, pensaban que era una suerte que les pagaran por realizar ese trabajo. Pero ella se sentía frustrada, no había dedicado tantos años a su formación para acabar así. Al día siguiente decidió quitarse las comillas y volver atrás en el tiempo, a esa época remota en la que se usaba un libro, folios y bolígrafos. Los alumnos estaban desconcertados porque no era lo que esperaban, pero como para ellos eso suponía una novedad quedaron encantados al ver que una persona se dirigía a ellos directamente, que se preocupaba de hacer el proceso fácil y los involucraba en el aprendizaje.

sábado, 23 de mayo de 2015

Práctica VII. La educación en 2030, M. Teresa Tomás Megías

¡No, no y no! Me niego... Yo que tanto me resistí a usar la tecnología en el aula... ¡Quién me iba a decir a mí que sin ella no podría afrontar mi trabajo! Lo sé, pensaréis... ¿Tan imprescindible es la pantalla que, habiendo estudiado una carrera durante años, no eres capaz de enfrentarte a tus alumnos de frente, cara a cara, con una tiza y un libro, como toda la vida (tu vida académica pasada)? Pues sí, soy capaz, sería capaz. Pero estamos en 2030, y las cosas están así: pantalla, ordenador, puntero, teclado, clases virtuales y alumnos que no conoces; que te ven desde sus pantallas, que ni se les pasa por la cabeza el hecho de encontrarse contigo; que únicamente te escuchan (si es que lo hacen) y te ven desde la otra parte de su monitor; tan tranquilamente en sus casas; en pijama, a la hora que quieren; cuando les apetece ingerir conocimiento; o cuando sus padres les obligan.
-Te lo advertí- Estarás pensando. -Lo veía venir- Querrás decirme. Pero yo no lo vi llegar. Me resistí a que la Educación fuera tan superficial como lo pretende ser ahora. Era interesante cuando aprendí a enseñar literatura mediante el uso de las TIC; cuando las redes sociales se convirtieron en la plataforma idónea para difundir información relevante; para realizar trabajos mediante su uso; cuando nuestros alumnos se motivaban con aquellos proyectos que mezclaban destrezas, conocimiento, tecnología... y lo mejor de todo: ¡relaciones afectivas!. Todo era perfecto cuando aprendimos a congeniar el conocimiento con la tecnología y pudimos usar estas para el aprendizaje y adquisición del mismo. Sin embargo, ahora, ¡cómo ha cambiado todo! ¿En qué nos hemos convertido? En máquinas que intentan transmitir esos conocimientos a través de la pantalla; pero eso ya no tiene ningún sentido si quienes lo reciben no son capaces de comunicarse con el resto de iguales; implicarse en los proyectos propuestos y retroalimentarse del conocimiento ajeno. ¿Se aprende igual a través de la pantalla? No. Por supuesto que no. Estuvo bien aquella maravillosa (y fugaz) etapa en la que los profesores consiguieron compaginar información, conocimiento y tecnología con la implicación directa de quienes querían aprender. Y de quienes no querían, pues atraídos por este medio, se veían envueltos en el aprendizaje aun sin darse cuenta. Y colaboraban. Y trabajaban (siempre con excepciones). Hoy, la educación ha quedado relegada a la pantalla. El libro tradicional llora su muerte y el profesor lleno de conocimiento que quería desprenderlo a sus alumnos no tiene más remedio que sentarse frente al ordenador y charlar para una minoría que hace como que quiere aprender.

De repente desperté. Di gracias porque la pesadilla había terminado. Me levanté de la cama y me dirigí al Instituto. Tablet en mano y con el Proyecto bien diseñado para que el aprendizaje de mis alumnos fuera eficaz a la par que actualizado. Me alegré al verlos entrar en el aula, encender sus libretas electrónicas, estar entusiasmados por el nuevo proyecto que íbamos a comenzar. Eso de la enseñanza virtual en la distancia había quedado en una horrible pesadilla que no quería recordar. La Educación en 2030 había avanzado, sí, hasta el punto de que el Aprendizaje Basado en Proyectos se había adueñado de ella. ¡Qué gran genialidad! Pero no había llegado al extremo, aún, de realizarse desde casa, sin acudir al centro y simplemente encender la pantalla cuando a uno le apetecía. Y así ha de seguir. Educación, Tecnología, Proyectos innovadores que implican al alumno y hacen que aprenda a base de trabajo colaborativo, didácticas activas (como bien nos transmitió el gran Pep aquel día de Máster en la UA) y fusión de literatura, lengua y ganas de aprender. Motivación, aprender haciendo y mucho trabajo del profesor que después el alumno culminará con su aportación. Esta sí es la realidad del 2030, realidad que me recuerda cada día que un alumno disfruta con lo que propongo en el aula por qué elegí dedicarme a ello.  

jueves, 21 de mayo de 2015

20/05/2030


Querido diario:

Sé que hace mucho que no te escribo. También sé que este es el comienzo de todas tus páginas. Esta vez me he pasado. Hace veinte años que escribí (tu)mi última página. Veinte largos años han pasado, y yo me siento igual. Me quedé en la veintena, como todos. Sin embargo, he de decirte que las cosas sí que han cambiado ahí fuera.

Si tengo que escoger un momento importante para empezar a contarte cómo me siento, elijo sin duda el año 2015, con todos sus pros y sus contras. Recuerdo el 2015 como si fuera ayer. Mi último año de estudiante (o eso pensaba yo). Aquel Máster que nos robó media vida, y debió abrirnos tantas puertas... Recuerdo muy especialmente una tarde. Aquel día iba sola en el coche hacia la Universidad de Alicante. Mientras pasaba por las salinas de Santa Pola, (donde el agua era rosa, ¡y había hasta flamencos!) me planteé cómo sería el Máster perfecto, la combinación perfecta de clases y prácticas, los profesores enseñando con las metodologías por las que abogan y no con las que indican que son inútiles y regresivas. Me planteé todo eso y muchas cosas más. Soñé que en un futuro las cosas serían distintas. Recuerdo, de hecho, una práctica muy especial. Nos dijeron que debíamos escribir sobre el futuro de la educación, sobre la educación del futuro. ¡Vaya gracia! Todos pensamos que tenía que ir a mejor, que en quince años todos los alumnos tendrían pantallas táctiles en sus pupitres, acceso a internet, las famosas gafas del recién desaparecido Google, lectores digitales, pizarras que escriben solas, blog, Moodle, y todas esas cosas que en realidad hace años que no se llevan. De hecho, nunca llegaron a hacerlo.

¡Pobres alumnos de Máster! Nos imagino, nos recuerdo. Pensábamos que la educación había tocado fondo, que sólo podíamos ir a mejor, que con nuestra ayuda y nuestra vocación podríamos cambiar el sistema educativo desde dentro. Nada más lejos de la realidad.

Los profesores se han ido jubilando cada vez más tarde. Algo que resulta lógico si tenemos en cuenta que la esperanza de vida es de 105 años. Claro, esto tiene sus consecuencias. Hace cinco años que no salen oposiciones. Los profesores que ya no pueden ir al instituto dan las clases desde casa. Pero todo sigue igual, Diario, nada cambia en el fondo. Los alumnos siguen acudiendo a los centros obligados, siguen aprobando resignados, siguen aburriéndose en clase de lengua. ¿Cómo puede ocurrir esto? ¡Con todo lo que hemos estudiado! ¡Si llevamos años investigando! Las teorías comunicativas y constructivistas del aprendizaje han sido mejoradas y matizadas, las TIC han sido introducidas en todas las clases de España y del mundo, los distractores más comunes han sido prohibidos y confiscados. Llevamos muchos años estudiando el modo en que los profesores deberían dar clase para que los alumnos tengan la motivación necesaria. Pero nadie lo hace, Diario, nadie.

Todo esto me lleva a una reflexión: ¿de qué sirve dedicar toda una vida al estudio si no he pisado ni por un minuto las aulas? ¿Qué importancia tienen mis teorías sobre didáctica de la lengua, si no puedo ponerlas en práctica en una clase? ¿Para qué tantos libros engrosando las paredes de la biblioteca, si terminarán por desaparecer los alumnos universitarios? ¿Por qué seguir imprimiendo libros físicos y matando árboles si ya nadie lee? ¿Es todo esto para alimentar nuestro ego y pensar que estamos haciendo las cosas bien? ¿Qué sentido tiene nada, si no hemos sido capaces de mejorar la práctica docente? Ninguno.

Estoy triste. Sabes que sólo te escribo cuando lo estoy. Llevo tantos años inmersa en un proyecto y en otro, que no me he dado cuenta de lo triste que estoy. Ahora recuerdo aquel año 2015, recuerdo el ansia que teníamos por acabar aquel maldito Máster. ¿Quién iba a decirme a mí, con las ganas que tenía de sentarme en la silla negra y acolchada, que nunca tendría la oportunidad de dar una clase cara a cara? Qué triste, Diario. Qué triste.

Y allí siguen, aquellos profesores que me doblan la edad (y ya no soy ninguna niña), que nunca dieron paso a las nuevas generaciones, que nunca quisieron ponerse al día en tecnologías varias, que no supieron escuchar lo que los alumnos necesitaban. Aquellos que decidieron que lo mejor era seguir con lo suyo sin importar lo que viniera. ¿Pero qué fue de nosotros? Si tú supieras Diario, si tú supieras…

De todos mis amigos filólogos, la mayoría tuvieron que emigrar, tuvieron que irse al exilio, ¡como en la guerra! Y yo, yo que nunca gusté de estudiar, terminé investigando sobre educación. Pensaba que así conseguiría cambiar las cosas, que creando nuevas teorías incentivaríamos a los profesores a cambiar sus metodologías arcaicas y decimonónicas. De nuevo, nada más lejos de la realidad. Puedo vivir gracias a que trabajo en una empresa en la que creamos hologramas (muy bien conseguidos, he de decir) de escritores, pintores, escultores, y artistas en general con todo lujo de detalles. Aún queda hueco para la cultura ¡No está todo perdido!


Hoy precisamente he terminado el prototipo del próximo holograma de Miguel Hernandez. El muchacho murió tan joven… ¿Quién nos iba a decir a nosotros, que lo estudiábamos con los codos sobre la mesa, que podríamos tenerlo a él en (casi) persona para preguntarle todo lo que quisiéramos? ¿Cómo podríamos haber imaginado algo así? ¡Es de locos! A mí me habría parecido una locura hace 15 años, y sin embargo aquí estoy, enseñando a mi holograma, (con un millón de comandos, en un idioma que jamás pensé que pudiera comprender) a tener sentido común, contestar las preguntas con coherencia, e incluso mantener una charla animada de cualquier tema. Esto último es parte de mi última investigación sobre oralidad. ¡Ay, Diario! Es que no lo puedo evitar… ¿No me ves? Sigo soñando con un día en el que las cosas vayan hacia arriba, y las ganas de enseñar y de seguir aprendiendo superen con creces cualquier oposición que se precie.